No voy a pintar cuadros que duelan

De la misma manera que no voy a regodearme en mis “peros” ni en mis “vayas!”, ni voy a dar punto de atención a lo que no debe ser porque no quiero que sea,… tampoco voy a pintar negruras,  ni cuadros que impresionen,  pero duelan.

Y eso que me gusta el cuadro que me habla, que me haga sentir como otro lo haría.

No defiendo que sólo lo bonito merece la pena porque, ¿qué sabe nadie qué es lo bonito?

bonito o feo son sólo creencias.

Pero no me apetece el cuadro que duela,  por eso vas a encontrar color en mis cuadros,… para que a mi me curen y no me hieran.

Así vivo,  con  mirada de pintora, , miro a mi  alrededor y , paisajes y cosas, son diferentes.

Si antes mis  ojos eran oscuros, ahora tienen otro matiz , ahora son de  cristal difuminado e indefinido que no daña y  que me  permite estar visualmente conectada con el alma de esas pequeñas- grandes cosas.

Un árbol ya no es un simple árbol, es un sueño con su sombra y en el sueño el árbol llora colores que se derraman por el lienzo.

El pájaro ya no es sólo un ave, es una gota de colores salpicados que te encantan por sus imposibles matices y, todo, todo, todo, se llena de proporciones y escalas locas.

Así con esta mirada agradezco la armonía, armonía en el entorno, en el lugar de trabajo, en el rincón de descanso, en el paseo que doy y en la mesa que comparto.

Y no entendida como un lujo, sino como eso que digo: “armonía”.

En los colores, en las luces, incluso si arriesgo… armonía en la estridencia, en lo barroco que tú quieras, pero siempre armonía.

Porque facilita mucho ese bienestar y ese bien sentir.  Cuando la integras en tu vida,  abres la puerta a lo demás…

Lo primero que aparece es la serena quietud de una mente calmada que no necesita programar un tiempo de meditación porque vive ya meditada, reflexionada y curada.

Cuando me enfrento al lienzo ¿sabes quién manda? El pincel, …mojado en rosa fuerte marca su territorio y luego se deja acariciar por ese rosa palo y ese crema suave que le arropa y le matiza y así voy creando el mapa, pero manda siempre él.

Ese pincel que después de remojarse quiere vestirse de amarillo porque aunque empezó con fuerza barroca ansía la luz del sol y el calor, después busca el naranja para seguir ardiendo, un rato de intensidad para luego descansar en un mar azul y verde de serenidad sin fin.

Y si el pincel se dispersa porque investiga y prueba, entonces te desajustas y pierdes la sintonía y antes de tirar la toalla y el lienzo por la borda, le das una oportunidad a ese crema cubriente que se desliza como una cortina de terciopelo de esas gordas de los teatros, llenas de polvo e iluminadas por los focos y dices; ¡volvamos a empezar a representar una nueva función! y esta vez, por favor, sin perder los papeles, porque ese rosa y ese azul casi lo arruinan todo.

Ay!… Ese pincel que manda y yo tan divertida veo lo que me quiere decir el lienzo, que es una página sin letras pero llena de frases.

Y en todas hay un paréntesis que me susurra… soy tú y soy ello y soy todo lo que de verdad Es. Soy un trozo del universo expandido, si me miras… sientes!… vaya tela!